Sábado Santo
El Evangelio del Sábado Santo, según Mateo, narra el camino de las dos Marías hacia la tumba de Jesús. Debieron de estar aterrorizadas cuando la tierra tembló y un ángel, como un relámpago, descendió del cielo. ¡Gloria a Dios, qué escena tan asombrosa y a la vez sobrecogedora!
Intento imaginar lo que sintieron: el ángel les dijo que su Jesús ya no estaba en la tumba… ¡y que había resucitado! ¿Habría sido capaz de comprenderlo? ¿De creerlo?
El ángel les dijo: «No tengan miedo», y más adelante en la lectura del Evangelio, Jesús se encuentra con ellas y les dice: «No tengan miedo». Este versículo, en diversas formas, se repite más de cien veces en los Evangelios. Cuando San Juan Pablo II fue elegido papa, también expresó este sentimiento a los fieles. Fue un mensaje poderoso en tiempos de Jesús y sigue siéndolo hoy.
¿Nos pide Dios que no tengamos miedo en algún aspecto de nuestra vida? ¿Nos pide que tomemos la valiente decisión de seguir a Jesús de una manera única? ¿Nos pide acaso que hablemos de Jesús con algún amigo o familiar que parece rechazar la idea misma de una vida en Cristo? ¿Nos pide acaso que tomemos más en serio el ayuno, la oración y la limosna de Cuaresma, incluso durante el Tiempo Ordinario?
No teman, Dios está con nosotros; cada uno de nosotros es precioso a sus ojos. ¡Que vivamos como si lo creyéramos! ¡Vayan por todo el mundo y anuncien la buena noticia! (Marcos 16:15)
Teresa Roche, Sagrado Corazón