Viernes Santo (Viernes de la Pasión del Señor)
En este pasaje, vemos que Jesús no se muestra impotente ante lo que sucede. Tiene el control y lo acepta voluntariamente.
Cuando llegan los soldados, se adelanta y pregunta: «¿A quién buscáis?», y declara: «Yo soy». Incluso en el momento de su arresto, Jesús demuestra que acepta libremente la voluntad del Padre. No sufrió por obligación, sino porque eligió sufrir por amor a nosotros, para salvarnos.
También vemos la debilidad de la humanidad. San Pedro Apóstol niega a Jesús por miedo, y Poncio Pilato sabe que Jesús es inocente, pero cede ante la presión. Estos momentos nos recuerdan lo fácil que es caer cuando confiamos únicamente en nuestras propias fuerzas.
Sin embargo, al pie de la cruz hay fe y amor. María, Madre de Jesús, permanece con su Hijo, y Jesús nos la da como madre: «Ahí tienes a tu madre». Incluso en su sufrimiento, Jesús piensa en nosotros y forma una nueva familia de creyentes.
Cuando Jesús dice: «Todo está consumado», no es un grito de pérdida, sino el cumplimiento del plan de salvación de Dios. De su costado traspasado brotan sangre y agua, signo de la gracia que da vida a la Iglesia.
Este Evangelio nos invita a mirar la cruz y reconocer el inmenso amor de Cristo. Cuando enfrentamos sufrimiento, miedo o pruebas, recordamos que Jesús recorrió ese camino antes que nosotros y transformó el sufrimiento en salvación.
Señor Jesús, ayúdanos a permanecer fieles a Ti, especialmente en los momentos difíciles. Enséñanos a confiar en tu amor y a estar contigo al pie de la cruz. Amén.
Leslie Maldonado, Sagrado Corazón